“El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias” (Prov. 21:23).

Existe un célebre experimento realizado con niños de entre cuatro y seis años llamado “El test de la golosina”.

Se trata de lo siguiente: A un grupo de niños se les ofrece una golosina, diciéndoles que si podían esperar quince minutos sin comérsela les darían dos golosinas más. Muchos sucumbieron al deseo. Otros soportaron la tentación, pospusieron la gratificación inmediata, y recibieron más.

Este grupo fue rastreado e investigado treinta años después, y encontraron que eran personas exitosas y que tenían buenos trabajos.

Está demostrado que el éxito en la vida depende más de la autodisciplina que de la inteligencia. Asimismo, las investigaciones descubrieron que la autorregulación de los padres se asocia a la felicidad de sus hijos.

La psicología positiva (PP), en este siglo XXI, ha rescatado el tema del dominio propio y el autocontrol. Una gran cantidad de estudios informa continuamente sobre los beneficios que trae desarrollar esta importante fortaleza del carácter.

Es de hacer notar que ya en el siglo XIX Elena de White había enfatizado la importancia de que los padres eduquen en el dominio propio a sus hijos. Esto escribió en el libro Conducción del niño (en 1890):

“La madre, al contemplar al hijo que ha sido entregado a su cuidado, bien podría preguntarse con profunda ansiedad: ¿Cuál es el gran blanco y objetivo de su educación?”

Luego agregó: “La primera lección que debe enseñársele es la del dominio propio; porque ninguna persona indisciplinada y testaruda puede esperar tener éxito en este mundo o recompensa en el venidero” (p. 84).

Actualmente, los estudios de la PP han encontrado que quienes manifiestan altos niveles de autocontrol exhiben altos niveles de logros académicos, alta autoestima y aceptación propia, control del enojo, vínculos interpersonales seguros, alto nivel de satisfacción con las relaciones sociales, bajos niveles de ansiedad y depresión, y son percibidos por los demás como agradables. La autorregulación significa “regular lo que uno siente y hace; ser disciplinado; controlar los propios apetitos y emociones”. En esencia, consiste en el manejo propio de las emociones y el adecuado control de los impulsos.

Los beneficios sociales y humanos del autocontrol están llevando a las autoridades estatales a reformular las políticas educativas para incluirla en los nuevos programas. Así, por ejemplo, en un trabajo de investigación se afirma: “El autocontrol es importante para la salud, la riqueza y la seguridad pública de la población. Así quedó demostrado en el seguimiento de una cohorte de 1.000 niños desde el nacimiento hasta los 32 años, que descubrió que adquirir autocontrol en la infancia predice la salud física, la menor dependencia de sustancias, buenos resultados en las finanzas, y bajo nivel de delitos penales, siguiendo un gradiente de autocontrol. En otro grupo de 500 pares de hermanos, se encontró que el hermano con menor autocontrol tenía peores resultados, a pesar de compartir los mismos antecedentes familiares. Se concluye que las intervenciones dirigidas al autocontrol podrían reducir una panoplia de costos sociales, ahorrar dinero de los contribuyentes y promover la prosperidad”.

Nuestro objetivo es que cada mes nos centremos en desarrollar una virtud del carácter. Este mes proponemos que sea el dominio propio, o autocontrol. Seguramente, si lo realizamos, terminaremos este mes con mayor salud y bienestar. ¿Quieres descubrirlo? Te invitamos a hacerlo.

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