¿Qué son? ¿Por qué están de moda? ¿Debemos aceptarlas y creer en ellas?

Las teorías conspirativas están floreciendo en estos días y se han convertido en el foco de mucha atención pública. Si bien siempre han existido y prosperado en tiempos de crisis y agitación, ahora están presentes en múltiples segmentos de la sociedad e incluso en algunos sectores de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Este es un tema que requiere discernimiento y prudencia. Si estamos inclinados a pensar de esa manera, probablemente estemos reflejando cierto escepticismo (saludable y natural), particularmente dirigido hacia la interpretación común de los poderes existentes en la sociedad, o lo que se difunde por los principales medios de comunicación. A veces, este escepticismo también se dirige hacia los hallazgos de la ciencia. Por eso, los proponentes ofrecen hipótesis alternativas y, a menudo, contrarias a la intuición, para explicar los acontecimientos del mundo. Incluso podríamos preguntarnos por qué todos los demás parecen tan ciegos y engañados.

Por el otro lado, si desconfiamos del pensamiento conspirativo, podríamos considerar a los seguidores de tales teorías de manera negativa e incluso podríamos tener la impresión de que algunos de ellos son paranoicos en su sospecha y miedo. Entonces estaríamos en peligro de usar la expresión “teoría conspirativa” en un sentido despectivo para desacreditar a las personas y sus ideas como poco científicas o socialmente aceptadas.

Pero quizás aún más crucial sea la cuestión de qué podemos hacer cuando notamos estas ideas preconcebidas en nuestro propio pensamiento y cómo nos relacionamos entre nosotros cuando nos enfrentamos a tal pensamiento. Para abordar este problema, primero debemos comprender la diferencia entre las conspiraciones reales y las teorías conspirativas.

¿CUÁL ES LA DIFERENCIA ENTRE UNA CONSPIRACIÓN Y UNA TEORÍA CONSPIRATIVA?

En esencia, y según el diccionario, una conspiración es un plan secreto hecho por dos o más personas para hacer algo que es dañino o ilegal. La palabra deriva del latín conspirare, que significa “tramar”, “unir”, “actuar al unísono” o “actuar en acuerdo con alguien”. Una conspiración, por lo tanto, nunca es obra de un individuo, sino siempre de un grupo, ya sea pequeño o grande. Pero, aquí nos encontramos con un enigma: hay conspiraciones que sí existen y son reales.

Entonces, ¿cómo distinguir entre las conspiraciones genuinas y las tramas que solemos asociar con teorías conspirativas? Veamos:

  1. Una diferencia es que, en una teoría conspirativa, la conspiración no debe probarse, sino que se ha convertido en el requisito previo básico para las explicaciones posteriores. Es cuando ya no evaluamos cuidadosamente varias hipótesis y probabilidades, sino que nuestras sospechas y dudas se han convertido en una ideología que ya no acepta ninguna autoridad supervisora; se ha cruzado un umbral.
  2. Otra diferencia reside en que las conspiraciones reales son acciones de la vida real, deliberadamente ocultas, realizadas por personas que trabajan juntas para lograr sus propios propósitos malignos. Las teorías conspirativas, por el contrario, son deliberadamente complejas y reflejan una cosmovisión que abarca toda la realidad. En lugar de tratar de explicar una cosa, una teoría conspirativa intenta explicarlo todo, descubriendo conexiones entre dominios de interacción humana que de otro modo estarían ocultas. Al hacerlo, las teorías conspirativas a menudo simplifican excesivamente los eventos mundiales para encontrar un chivo expiatorio o una explicación para acontecimientos que de otro modo parecen inexplicables.
  3. La gran mayoría de las conspiraciones reales son proyectos a corto plazo, mientras que las teorías conspirativas casi siempre postulan un marco de tiempo mucho más largo, en el que no solo se propone un delito sino toda una serie de delitos durante un período de años, décadas e incluso siglos, a menudo a escala mundial.
  4. Las conspiraciones reales suelen ser el trabajo de un pequeño grupo de personas, mientras que las teorías conspirativas involucran escenarios en los que al menos varias docenas de personas, pero generalmente muchas más, están implicadas.
  5. También debemos tener en cuenta que los eventos históricos son conjuntos complejos de hechos. El mundo tal como lo conocemos se compone de un número extremadamente grande de agentes que interactúan, cada uno de los cuales tiene su propio conjunto de objetivos y agendas. Esto plantea un problema importante para las teorías conspirativas, en las que se presumen complots a gran escala. Para que una conspiración tenga éxito, todas las partes tendrían que dejar de lado sus propios intereses y dedicarse por completo al servicio de esa conspiración global. Sin embargo, que diferentes grupos actúen todos en concierto es algo que es muy poco probable, si no imposible.5 En otras palabras, para que las teorías conspirativas tengan éxito, se debe presuponer que es posible planificar la historia.

Si bien no parece haber una definición única de lo que es una teoría conspirativa, los siguientes tres criterios básicos le son característicos: 1-Nada sucede por accidente, 2-Nada es lo que parece ser, y 3-Todo está conectado. Dondequiera que estén presentes estos tres elementos, está en funcionamiento una teoría conspirativa que afirma la existencia de un complot.

¿POR QUÉ ALGUNOS CRISTIANOS CREEN EN LAS TEORÍAS CONSPIRATIVAS?

Si las teorías conspirativas abarcan los tres aspectos mencionados anteriormente, se puede ver por qué algunos cristianos podrían fácilmente ser receptivos a estos pensamientos. Los adventistas del séptimo día y los cristianos aceptamos la existencia de fuerzas y realidades sobrenaturales, tanto malas (Satanás y los demonios) como buenas (Dios y sus ángeles), algo que los teólogos más liberales y las personas que aceptan una cosmovisión evolucionista negarían.

Según la Biblia, las fuerzas del bien y las del mal existen y actúan en este mundo, e influyen en reyes y líderes políticos (Apoc. 13:12-17; 17:2). Pero, debemos tener en cuenta que Jesús nunca les dijo a sus seguidores que se preocuparan por eventos o conspiraciones “secretas”. Jesús nos llamó a estar alerta (Mat. 24:42; 25:13; 26:41). Todos los eventos que Jesús mencionó como señales de los tiempos de su segunda venida son observables. No tenemos que adivinar o especular sobre ellos. Y no debemos preocuparnos por rumores (Mat. 24:6).

La Biblia menciona varias conspiraciones reales, donde algunas personas conspiraron juntas para llevar a cabo algunos planes (véase 2 Sam. 15:12; 1 Rey. 16:20; 2 Rey. 15:15; 2 Crón. 24:21; Sal. 31:20; 64:2; 86:14; Isa. 8:12; Jer. 11:9). En las teorías conspirativas, sin embargo, hay una tendencia a vincular fenómenos dispares y conectarlos de tal manera que surge una gran trama donde nada sucede por accidente.

Quizás otra razón por la cual algunos cristianos son receptivos a teorías conspirativas globales sea que, en su forma de pensar, los eventos están divinamente predeterminados y no suceden por accidente. Si bien la Biblia enseña que Dios conoce el futuro y tiene el control de los eventos mundiales, y si bien la Biblia afirma que existe una gran controversia entre Dios y Satanás (y sus fuerzas malignas), también debemos tener en cuenta otras perspectivas bíblicas igualmente importantes. De lo contrario, distorsionaremos la enseñanza bíblica y, por implicación, también el carácter de Dios y de la realidad.

La Biblia también enseña que existe la libertad humana genuina en lo que respecta a nuestra salvación. Como somos suficientemente libres para elegir si queremos aceptar el regalo de Dios o no, somos responsables de nuestras decisiones. Así, cometemos todo tipo de necedades. También debemos reconocer que sucedan cosas imprevistas y casuales en el curso de la historia. Algunas de las cosas malas que suceden no fueron planeadas. La Biblia menciona que algunas cosas suceden accidentalmente (Núm. 35:11, 15; Jos. 20:3, 9; 2 Crón. 35:22-24).

Cuando la Biblia habla del gran conflicto entre el bien y el mal, siempre tiene en mente la perspectiva salvífica de Dios que se enfoca en el éxito de nuestra salvación final. Los escritores bíblicos son conscientes de las maquinaciones de Satanás (Efe. 2:2) y sus prácticas engañosas (Juan 8:44), y nos advierten que estemos alerta.

Pero, el enfoque claro de los escritores bíblicos está en la gracia y el poder de Dios para salvarnos, y en Jesucristo como el vencedor en la controversia entre la luz y las tinieblas. Jesús es la Piedra angular de nuestra salvación. Especialmente la información profética de los libros apocalípticos de la Biblia se enfoca en la victoria de Jesús sobre el pecado en medio de todas las complejidades de los poderes malignos que están obrando en este mundo. Sí, las fuerzas del mal existen, pero cuando inventamos teorías conspirativas y centramos nuestra atención en esos esquemas negativos, distorsionamos el enfoque bíblico.

Por eso, debemos enfocar nuestra atención en el Dios omnipotente de las Escrituras, que es poderoso para salvarnos y es totalmente capaz de librarnos del pecado y el mal. Recordemos que “el justo por su fe vivirá” (Hab. 2:4; Rom. 1:17), no por su conocimiento de conspiraciones globales. Nuestra confianza debe estar en Dios. El conocimiento de las conspiraciones y sus tramas secretas no nos salvará. Solo Dios salva. Por lo tanto, estemos alerta, pero sin miedo.

¿Por qué la gente está fascinada por las teorías conspirativas?

Hay varias razones por las que las teorías conspirativas resultan atractivas. Analizaremos brevemente algunas de ellas.

1-Las teorías conspirativas pretenden sacar la verdad a la luz. A nadie le gusta ser engañado. Pareciera que muchos se inclinan por las teorías conspirativas porque tienen un deseo genuino de seguir la verdad, incluso si es impopular a los ojos de la mayoría.

Sin embargo, debemos tener cuidado de que en nuestra búsqueda de la verdad no terminemos simplemente aceptando cosas que se ajusten a nuestro pensamiento preferido, sino que permanezcamos abiertos a escuchar atentamente interpretaciones y explicaciones alternativas y analicemos honestamente las evidencias disponibles. Desafortunadamente, muchos adherentes a las teorías conspirativas solo consideran aquellas ideas que se ajustan a sus convicciones. Así, las personas ya no están interesadas en buscar la verdad, sino que solo intentan confirmar sus opiniones preconcebidas entre personas que comparten la misma perspectiva. Tal confirmación tendenciosa solo ampliará el alcance de nuestro engaño.

2-Las teorías conspirativas dan una sensación de seguridad y nos hacen sentir especiales. Cuando pensamos que conocemos el curso de los acontecimientos, nos sentimos seguros y pensamos que tenemos más control de la realidad.7 La idea de que estamos a merced de fuerzas que no entendemos ni comprendemos enteramente, y que estamos sujetos a poderes fuera de nuestro control, es aterradora. Queremos saber quién lo hizo y cómo lo hizo.

En palabras del escritor cristiano D. L. Mayfield, “la gente cree en las teorías conspirativas porque es psicológicamente más fácil creer en una narración singular e improbable que involucrarse en una realidad dura y complicada en la que se necesita nuestra participación a largo plazo”. La ironía en esto es que los efectos de una teoría conspirativa a largo plazo a menudo son mucho más aterradores que el evento que la teoría conspirativa trata de explicar.

3-Las teorías conspirativas pueden hacer que nuestra realidad parezca más emocionante. ¡A casi todo el mundo le gusta un buen thriller de conspiraciones! La burocracia gubernamental parece bastante aburrida en comparación con las teorías conspirativas, que son mucho más entretenidas. Descifrar mensajes secretos, conectar puntos y ensamblar datos en una narración coherente puede convertirse en una búsqueda del tesoro para toda la vida que aporta propósito y urgencia a nuestra tediosa rutina.

Si bien las razones mencionadas anteriormente no son una lista exhaustiva de por qué las teorías conspirativas están tan extendidas, son indicadores de por qué son tan populares. Es interesante que Internet también juega una función importante en la difusión de las teorías conspirativas.

EL PAPEL DE INTERNET

Se sabe y es evidente: Los medios de comunicación contemporáneos (y no tradicionales) como Internet y las redes sociales representan un terreno particularmente fértil para las teorías conspirativas. Cuando uno comienza a buscarlas, ¡parecen estar en todas partes! Si bien Internet no es el único responsable por la difusión de las teorías conspirativas, el gran alcance de las nuevas tecnologías logra un impacto notable. Ahora, cualquier persona graba videos o escribe textos que están fácilmente disponibles para todos. No sorprende que las teorías conspirativas hayan encontrado un hogar acogedor en las redes sociales. Hoy, muchos foros carecen de moderadores competentes, y permiten que personas de ideas afines conversen y difundan sus opiniones como si fueran expertos. Esto ha llevado a lo que algunos han llamado “la muerte del especialista”; ya que ante exceso de datos y la información casi ilimitada todos creemos (erróneamente) saber de todos los temas.

Antes de que existiera Internet, los teóricos de conspiraciones tenían oportunidades muy limitadas para comunicarse entre sí. Normalmente podían comunicarse por teléfono o por carta, o reunirse personalmente de vez en cuando. En la actualidad, pueden mantenerse en contacto diariamente en comunidades virtuales, independientemente de las fronteras. Además, mientras que en el pasado los editores de periódicos filtraban lo que consideraban tonterías y decidían si una opinión determinada era demasiado extravagante para publicarla, hoy cualquiera puede dejar un comentario debajo de un artículo en un sitio web de confianza. El papel tradicional de vigilancia que cumplían los medios y las publicaciones respetadas ha sido anulado en gran medida por las posibilidades de Internet.

En la actualidad, tanto el conocimiento ortodoxo como el heterodoxo son igualmente accesibles y, a menudo, se presentan uno al lado del otro, lo que sugiere que tienen el mismo valor. Esto ha llevado a un nuevo concepto que los estudiosos de la sociedad han llamado “infodemia”. Este término se deriva de la unión entre las palabras “información” y “epidemia”, y se define como la abundancia de información sobre un tema concreto. La “infomedia” está relacionada con las llamadas Fake news (noticias falsas) que se difunden masivamente como si fuesen verdad.

Mucha gente en la era digital piensa que “la verdad” siempre está a solo una búsqueda de distancia en Google. Pero, en la era de los medios descentralizados, la información falsa tiene mejores perspectivas de difusión que la verdadera. Y los algoritmos de los motores de búsqueda de Internet, y las redes sociales que utilizamos, nos brindan casi exclusivamente información que refuerza nuestras presuposiciones y, por lo tanto, garantizan que los resultados de nuestras búsquedas en Internet solo muestren contenido que confirme lo que ya creemos.

Esto conduce fácilmente a las llamadas “cámaras de eco”, en las que los presupuestos básicos de la lógica conspirativa no se cuestionan realmente o donde los argumentos del exterior ya no pueden penetrar o ya no se toman en serio. Lamentablemente, todo esto ha llevado a una fragmentación de la esfera pública en la que va en aumento la desconfianza y la duda hacia las autoridades establecidas. Se pueden observar dinámicas similares dentro de la iglesia.

Esto conduce a un aspecto final, pero crucial de nuestra investigación: ¿Cómo podemos asegurarnos de no ser víctimas de una teoría conspirativa acríticamente, y cómo podemos hablar y comunicarnos de manera efectiva con las personas que creen en las teorías conspirativas?

CÓMO HABLAR UNOS CON OTROS

Hablar con alguien que cree firmemente en una teoría conspirativa puede ser un desafío. Muchos se encuentran tan profundamente convencidos de sus creencias que una parte significativa de su vida y de su visión del mundo se centra en torno a ellas. Por eso, los argumentos a menudo no cambian la mente de otra persona, sino que tienden a reforzar sus opiniones previas. Sin embargo, aquí hay algunos puntos para tener en cuenta que pueden ayudar cuando hablamos entre nosotros sobre este tema:

1-Aprecia a la gente. Llegar al corazón y la mente de quienes tienen opiniones diferentes solo funciona si tenemos un aprecio genuino por la otra persona. Esto no quiere decir que aprobemos todo lo que creen; simplemente, distinguimos entre la persona y sus opiniones y sus actos. Esto es lo que Jesús practicó en sus interacciones con otras personas. Acercarnos a los demás solamente para demostrar que tenemos razón no fomenta una relación de confianza. Además, no te tomes las cosas como algo personal si no están de acuerdo contigo. Algunas personas no cambiarán de opinión, no importa lo que digas. A menudo, la forma en que nos comunicamos es mucho más importante que lo que decimos. Mantén la calma y mantente amigable.

2-Escucha, no prediques. Como ocurre con cualquier otra persona que tenga convicciones firmes, las personas que creen en las teorías conspirativas no se dejarán influir por las personas que se burlan de sus puntos de vista. Nadie está dispuesto a escuchar a las personas cínicas, sarcásticas o que ridiculizan a los demás. Tenemos que aprender a escuchar con atención y a relacionarnos con las personas con respeto. Intenta concentrarte en la persona a la que deseas llegar, no en el mito que deseas desacreditar. En lugar de sermonearlos, escucha atentamente y aprende a hacer buenas preguntas, tales como: “¿Cómo te interesaste en esta teoría?” “¿De dónde obtuviste la información?” y “¿Has considerado otras explicaciones?” Las buenas preguntas a menudo pueden ser más convincentes que el mejor argumento.

3-Verifica las fuentes. Siempre verifica cuidadosamente las fuentes y su autenticidad y credibilidad. Mira quién escribió el contenido y quién es citado en él. ¿Se dan sus nombres? ¿Tienen experiencia en el área, y experiencia en el tema en particular, que les da credibilidad a sus afirmaciones? En una época en la que las Fake news están cada vez más extendidas, la verificación cuidadosa de los datos se vuelve esencial. Ten cuidado con las afirmaciones hechas por “infiltrados”, artículos anónimos de Internet o cualquier persona que cite rumores como un hecho. Además, verifica las fechas: Los que difunden información errónea a menudo publican fotos o noticias antiguas como si fueran nuevas. De igual forma, ten cuidado con las afirmaciones sensacionalistas cuando se realizan en un solo sitio o por un solo usuario.

4-Revisa el contexto. En Internet y en las redes sociales, actualmente es extremadamente fácil copiar y compartir información que puede no ser incorrecta en sí misma, pero que originalmente se mencionó en un contexto específico y se conectó a un entorno diferente de aquel en el que se usa ahora. Además, en citas extensas, la eliminación de oraciones o palabras a menudo puede crear un mensaje muy diferente del que se pretendía originalmente. Intenta verificar la fuente original que se cita y ver si la cita distorsiona el significado original o incluso lleva a conclusiones falsas.

5-Ten cuidado con las emociones. Las teorías conspirativas y de desinformación a menudo explotan sentimientos de ira, miedo u otras emociones intensas. Mantente alerta al contenido que presenta un lenguaje fuertemente emocional o que parece tener la intención de indignar a otros. También ten en cuenta tu propio uso del lenguaje. Si algo realmente te enardece, espera hasta que tus emociones se hayan calmado antes de volver a publicar en las redes sociales o de enviar algo a tus amigos.

6-Varía tu consumo de medios. La mejor manera de mantenerse informado y evitar la desinformación y las teorías conspirativas es consultar una variedad de fuentes de noticias, incluyendo los principales medios locales, nacionales e internacionales, así como sitios web confiables de verificación de datos. No confíes únicamente en los foros o redes sociales para tus noticias.

7-Ten cuidado en la conexión de puntos. Las teorías conspirativas crecen a partir de pequeños eventos y los proyectan como verdaderos para eventos globales mucho más grandes. A menudo, la extensión global o universal hace que sea menos probable que sea cierto. Además, se conectan eventos que no necesitan estar relacionados causalmente. Cuando ninguna evidencia sólida respalda esas conexiones, excepto el argumento de esa conspiración, o cuando la evidencia se ajusta igualmente bien a otras conexiones causales o al azar, es probable que la teoría conspirativa sea falsa.

8-Determina el impacto de la teoría conspirativa. Descubre y percibe qué impacto tiene la teoría conspirativa en la vida de la persona que cree en ella y en la de quienes la rodean. Si fomenta cinismo, sentimientos despectivos, teorías antisemitas, paranoia, miedo, o ansiedad por el tiempo del fin, entonces algo anda mal. Cuando estas teorías calumnian a los supuestos enemigos con insinuaciones y acusaciones sin fundamento, se debe encender una luz roja. Si el conocimiento de tal teoría promueve el orgullo y la autojustificación, ten cuidado. Como dice el apóstol Pablo, “el conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1 Cor 8:1). Además, el mismo escritor bíblicos nos exhorta: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tes. 5:21). Por su parte, Jesús nos invita: “Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien” (Luc. 6:35). Esto también se aplica a aquellos que defienden opiniones diferentes de las nuestras. Este espíritu de Cristo debe caracterizar todas nuestras interacciones al compartir la esperanza de la salvación en Cristo. Confiemos en las promesas de Dios ante que en las teorías conspirativas. RA

DR. FRANK M. HASEL, director asociado del Instituto de Investigación Bíblica de la Asociación General.

Este artículo fue publicado originalmente en Reflections, el boletín informativo del Instituto de Investigación Bíblica de la Asociación General, vol. 76 (diciembre de 2021), pp. 1-8.

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