Abandoné la idea de la macroevolución y el naturalismo filosófico cuando cursaba la carrera de Química, en la década de los años años ‘90. Siempre he sido un amante de la ciencia. Fui un lector voraz de autores como Carl Sagan, Stephen Hawking e Isaac Asimov, entre otros. Por eso, siempre he sido naturalmente escéptico. Cuando me enteré de que el darwinismo tenía serias deficiencias epistémicas, me sorprendí y continué estudiando el tema más a fondo. Decidí poner en práctica mi escepticismo hasta las últimas consecuencias.

Entonces, me encontré con el argumento de Michael Behe de la complejidad irreductible y la tremenda dificultad que tiene el darwinismo para explicar el origen de la información compleja y específica. Las preguntas brotaron: ¿Dónde estaba la información genética necesaria para que la primera célula funcionara? ¿De dónde provino la adición de información necesaria para dar lugar a nuevos esquemas corporales y mejoras biológicas? El siguiente paso fue buscar un modelo que me diera respuestas al rompecabezas del código sin el codificador, del diseño sin el diseñador, de la información sin la fuente de información.

Me sorprendió la complejidad física del Universo y la complejidad integrada de la vida, ya que me di cuenta, una vez más, de que la realidad depende de leyes y constantes finamente ajustadas para existir. En estas investigaciones, descubrí que el creacionismo es la cosmovisión que asocia coherentemente el conocimiento científico y el conocimiento bíblico.

Así, comencé a estudiar más de cerca la Santa Biblia, que me dijeron que era la Palabra de Dios. Me sorprendió igualmente descubrir que la arqueología prueba la veracidad histórica de este libro milenario, y que las profecías cumplidas en detalle son una prueba más de su origen único. Pero esta lectura, es decir, este estudio, hizo más por mí que simplemente proporcionar información. Mientras estudiaba el Libro Sagrado, algo estaba cambiando en mí, en mi corazón y en mi mente…

En este estudio, en esta búsqueda, me encontré en buena compañía sabiendo que grandes científicos como Galileo, Copérnico, Newton, Pascal, Pasteur y otros no vieron contradicción entre la verdadera ciencia y la teología bíblica. Utilicé mi escepticismo, busqué la evidencia –dondequiera que ella me llevara–, y me sorprendió una interpretación simple y no científica de los orígenes. ¿Resultado? ¡Me hice creacionista!

No obstante, mi búsqueda no terminó ahí. La fuente del conocimiento que se abrió ante mis ojos es eterna como eterno es mi Creador. ¡Encontrarlo fue el mayor descubrimiento de mi vida! A veces hay que dudar para creer. Pero vale la pena.

Evidencias

Al igual que el evolucionismo, el creacionismo es un modelo que busca comprender y explicar el origen y el desarrollo de la vida en nuestro planeta. Los evolucionistas presentan su evidencia y los creacionistas hacemos lo mismo. Depende de las personas analizar todo a la luz de la verdadera ciencia.

Por esta razón, presento algunas evidencias y suposiciones relacionadas con el modelo creacionista. Veamos:

1-El argumento creacionista es consistente con lo observado en los fósiles encontrados en la columna geológica, y sostiene que la Creación dio lugar a tipos básicos (“especies”) de seres vivos, y que estos “evolucionaron” de forma más o menos limitada (diversificación de bajo nivel, o “microevolución”). Los creacionistas no creen, sin embargo, que todos los seres vivos desciendan de un mismo ancestro unicelular común, ya que es algo que, por experimentación y observación, no se puede demostrar.

2-El creacionismo presenta tres evidencias básicas de la existencia de un Creador: (1) La puesta a punto del Universo (teleología), (2) La existencia de estructuras irreductiblemente complejas en los seres vivos, que debían funcionar perfectamente desde que fueron creados o no llegarían a nuestros días, y (3) La compleja información específica existente en el material genético, a la que obviamente solo la inteligencia puede dar lugar.

3-Los creacionistas entienden que, si bien algunos aspectos del evolucionismo están fundamentados y son útiles para comprender muchos fenómenos naturales, existen lagunas en esta forma de pensar. Como con toda hipótesis, hay algunos puntos en el evolucionismo que no son científicamente defendibles, y pueden ser analizados y presentados a los estudiantes.

4-Actualmente existen varios científicos creacionistas que hacen buena ciencia y presentan un argumento lógico e importante para ser transmitido. Destaco a dos biólogos estadounidenses: Leonard Brand y Harold Coffin. Ambos tienen artículos publicados en las revistas científicas más prestigiosas sobre ballenas fosilizadas en la Formación Pisco (Perú) y sobre los bosques petrificados de Yellowstone (EE. UU.), respectivamente. En Brasil, se destaca el químico y profesor de la Unicamp, Dr. Marcos Eberlin, creador del Laboratorio Thomson de Espectrometría de Masas, miembro de la Academia Brasileña de Ciencias y el tercer científico brasileño más citado en publicaciones científicas de renombre.

5-El evolucionismo tiene lagunas y debe confrontarse con otras formas de pensar. Por ejemplo, no puede explicar el origen de la vida por procesos naturales a partir de materia no viva. Tampoco puede explicar el origen de la información genética a partir de sistemas irreductiblemente complejos, ni el aumento de complejidad que habría ocurrido en los organismos durante el proceso evolutivo. Es decir, no puede explicar el origen de nuevos órganos, sistemas de órganos y nuevos esquemas corporales que surgen sin formas ancestrales bien específicas.

6-Como escribió Elena de White: “La obra de la verdadera educación consiste en desarrollar esta facultad, en educar a los jóvenes para que sean pensadores y no meros reflectores de los pensamientos de otros hombres. En vez de restringir su estudio a lo que los hombres han dicho o escrito, los estudiantes deben ser dirigidos a las fuentes de la verdad, a los vastos campos abiertos a la investigación en la naturaleza y en la revelación (La educación, p. 17).

 Por lo tanto, las escuelas adventistas entienden que al enseñar ideas contradictorias y contrastantes promueven el pensamiento crítico. Por lo tanto, es adecuado y útil que los modelos creacionista y evolucionista se expongan comparativamente en las clases de ciencias.

7-El creacionismo, aunque tiene un componente religioso, puede tener sus premisas discutidas en el contexto científico y ser consideradas en el salón de clases. Además, hoy más que nunca es un fenómeno cultural, con muchos defensores (incluso en países científicamente avanzados como Estados Unidos). Por lo tanto, el creacionismo merece ser analizado y estudiado en las escuelas y en las universidades.

8-Los creadores del método científico (hablamos de hombres de ciencia de la talla de Copérnico, Galileo y Newton) no vieron contradicción entre la ciencia experimental y la religión bíblica. Por lo tanto, los creacionistas de hoy podemos contar también con el respaldo de ellos.

El legado adventista

En el libro The Creationists, Ronald Numbers afirma que el creacionismo se extendió rápidamente durante el siglo XX, desde sus humildes comienzos en los escritos de Elena de White. Por su parte, Mark Noll también sostiene que el creacionismo moderno surgió de los estudios y los esfuerzos de los adventistas del séptimo día. Para George Marsden, el adventista George McCready Price es el principal precursor del enfoque de la llamada Tierra joven y del diluvio universal.

A su vez, el conocido ingeniero bautista Henry Morris, en su libro Historia del creacionismo moderno, reconoce de manera similar que el escritor creacionista más importante de la primera mitad del siglo XX fue un científico notable llamado George McCready Price (1870-1963). Morris reconoce que su vasto conocimiento científico y bíblico, su lógica cuidadosa y su hermoso estilo de escritura le causaron una profunda impresión cuando comenzó a estudiar este interesante tema a principios de la década de 1940.

La obra de Price es única. Entre 1902 y 1955 escribió 25 libros sobre geología del Diluvio, apologética general, e incluso un comentario sobre el libro de Daniel. También publicó un libro de texto de 510 páginas sobre ciencia. Pero, su proyecto más importante fue, sin duda, un libro de 726 páginas publicado en 1923 con el título de La nueva geología.

Además, Price ha publicado numerosos artículos en revistas cristianas líderes como Sunday School Times, Moody Monthly y Princeton Theology Review; además de publicar algunos artículos en revistas de divulgación científica como Panamerica Geologist y Scientific American. Sin duda, fue un gran impulsor del creacionismo. “Ciertamente, estaba mucho mejor educado, en el verdadero sentido de la palabra, que el 90 % de los doctorados y las tesis doctorales manipulados por la metodología de investigación evolucionista de las instituciones educativas”, escribió Henry Morris.

Muchos de los estudiantes y los lectores de Price continuaron contribuyendo a la causa creacionista. Estos incluyen a Harold Clark, Frank Marsh, Ernest Booth y Clifford Burdick. Harold Clark, por ejemplo, estudió en el curso de Geología de Price en Pacific Union College en 1920, y escribió dos libros importantes sobre geología y el Diluvio: The New Diluvialism, publicado en 1946, y Fossils, Flood and Fire, surgido en 1968. Por su parte, Frank Lewis Marsh (1899-1992) obtuvo un doctorado en Biología por la Universidad de Nebraska. También enseñó en varias escuelas adventistas y escribió varios libros creacionistas excelentes, comenzando con Biología fundamental, publicado en 1941.

Como si esto no bastara, en 1957 las autoridades de la Iglesia Adventista del Séptimo Día decidieron crear una organización en la que se pudieran estudiar temas relacionados con la ciencia. Se inauguró entonces el Geoscience Research Institute (GRI), es decir, el Instituto de Investigaciones en Geociencias, y se nombró a Frank Marsh en el cargo de director (hasta 1964).

Como vemos, la Iglesia Adventista se ha destacado desde sus orígenes por defender el creacionismo bíblico y la literalidad/historicidad de los primeros capítulos de la Palabra de Dios.

Ataques al Creacionismo

El creacionismo es parte del mensaje de los tres ángeles (Apoc. 14:6-12), que es el contenido más importante que los adventistas deben compartir con el mundo. Por esta misma razón, el enemigo de Dios ha hecho todo lo posible por anular el poder de esta proclamación. Al principio, trató de destruir la Biblia mediante persecuciones y quemas de ejemplares. El mismo destino corrieron sus traductores y divulgadores. Eso no funcionó. La Biblia continúa siendo el libro más leído y difundido en el mundo.

Entonces, Satanás cambió de táctica. Después de la Ilustración, valiéndose especialmente de la Alta Crítica, comenzó a relativizar y cuestionar el Texto Inspirado. El blanco preferido siempre ha sido el relato de la Creación en Génesis y los capítulos subsiguientes, que tratan de la caída en el pecado y del diluvio universal. Poniendo en duda estos capítulos, el enemigo puede derribar verdades esenciales que recorren las páginas de la Biblia: la semana literal de la Creación; el sábado como memorial de esa Creación; el matrimonio heterosexual y monogámico; el origen y el mal del pecado; el plan de redención; y la realidad de un diluvio universal.

Las teologías identificadas con el evolucionismo teísta realizan algo similar cuando se trata de la credibilidad de la Palabra de Dios. Para los teólogos liberales, la Biblia es solo la palabra de hombres que caminaron con Dios. Así, no debe ser vista como la Palabra inspirada e infalible. Para los defensores de la evolución teísta, sería posible armonizar a Darwin con Dios, siendo necesario para esto, nuevamente, alegorizar los primeros capítulos del Génesis.

En el siguiente gráfico que aparece aquí abajo es posible ver la total inconsistencia entre la cosmovisión creacionista bíblica y las ideologías y las teologías que relativizan el relato de los orígenes.

Un llamado urgente

En el libro Eventos de los últimos días, las páginas 46 y 47, Elena de White escribió: “En un sentido muy especial, los adventistas del séptimo día han sido colocados en el mundo como centinelas y transmisores de luz. A ellos ha sido confiada la tarea de la iglesia de Dios de los últimos días, de dirigir la última amonestación a un mundo que perece. La Palabra de Dios proyecta sobre ellos una luz maravillosa. Una obra de la mayor importancia les ha sido confiada: proclamar los mensajes del primero, segundo y tercer ángeles. Ninguna otra obra puede ser comparada con esta y nada debe desviar nuestra atención de ella”.

El creacionismo es parte del conjunto de verdades esenciales contenidas en el mensaje de los tres ángeles, y la Iglesia Adventista del Séptimo Día necesita continuar sosteniendo esa bandera bien en alto, como muy pocos lo hacen hoy. Es necesario llamar la atención del mundo sobre el hecho de que existe un Creador que ha prometido recrear este planeta y devolverlo a su condición edénica.

Pero, si no creemos que él fue capaz de crear vida en este planeta en seis días literales de 24 horas, como dice Génesis, ¿por qué creeríamos que él podrá repetir la hazaña de la Tierra Nueva, como dice Apocalipsis? Si no creemos que el Árbol de la Vida mencionado al comienzo de la Biblia es real, ¿qué haremos con el Árbol de la Vida prometido en Apocalipsis? Si Adán y Eva no pecaron, ¿es la muerte un elemento natural de la Creación de Dios? Y entonces, ¿con qué objeto y a qué vino Jesús a la Tierra sino para morir por nosotros, resucitar y salvarnos del pecado? ¿O simplemente vino a dirigir una revolución?

Lo cierto es que la cosmovisión creacionista bíblica nos hace comprender que no somos un accidente cósmico y que tenemos un propósito; nos ayuda a entender el pasado, nos da sentido al presente y nos llena de esperanza para el futuro.


Se puede consultar la página web del GRI (es una página muy completa sobre creacionismo) en grisda.org

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