Dios está presente en tu vida, por más oscura y difícil que sea.

Vivimos días muy difíciles, todavía bajo los efectos de la Pandemia, que, al momento de escribir este artículo, ha infectado a 261.878.129 personas y ha causado 5.219.785 muertes. La economía mundial cayó un 9,6 % y aumentó el desempleo. Según la ONU, ha habido un empeoramiento dramático del hambre en el mundo, con más de 800 millones de personas que carecen de alimentos. La deserción escolar es muy alta. Los seguros de salud tuvieron un aumento de los gastos en más de un 5.000 %. La OMS ha advertido acerca del riesgo de nuevas olas del virus.

Todo esto plantea desafíos para diferentes segmentos de la sociedad, incluida la iglesia. La Biblia no nos asegura una vida fácil. Jesús mismo enfrentó el sufrimiento y dijo: “En el mundo tendréis aflicción” (Juan 16:33). Sin embargo, el Salvador completó la frase en un tono victorioso: “Pero confiad, yo he vencido al mundo”. En la iglesia también enfrentamos desafíos, pero con victorias.

La iglesia ha trabajado para aliviar el sufrimiento. Solo en la campaña de Semana Santa y Navidad se recogieron 4.619.662 kilos de alimentos para ayudar a 1.141.500 personas. Miles fueron asistidos emocionalmente o psíquicamente por profesionales de la salud. Por medio de la plataforma E-class, la educación adventista impartió 7,5 millones de clases. Nuevo Tiempo triplicó el número de estudios bíblicos dados. Las visualizaciones de nuestro contenido en los medios de comunicación han aumentado enormemente. Hemos notado un aumento en el interés espiritual en la iglesia.

A pesar de las dificultades, confiamos plenamente en la guía divina. “Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza” (Jer 29:11, DHH). “Dios no guía jamás a sus hijos de otro modo que el que ellos mismos escogerían para ser guiados si pudieran ver el fin desde el principio y discernir la gloria del propósito que cumplen como colaboradores con Dios”, dice Elena de White (El ministerio de curación, p. 380).

La gran lección que aprendimos de la Pandemia es la dependencia de Dios. Él permanece a cargo del mundo. Su ­carácter amoroso es la garantía de que siempre actuará en nuestro nombre. “Que ‘Dios es amor’ […] implica que no ha existido ni existirá un tiempo cuando no ha sido o no será amor” (Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 682).

A finales de año, muchos repiten frases como esta: “Mucho dinero en el bolsillo, salud para regalar y vender”. Para muchas personas, la prosperidad es eso, pero para Dios es una vida de felicidad, satisfacción, servicio y fe, amar al Señor sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, teniendo la seguridad de que viviremos en eterna gloria junto a él.

El maravilloso texto de Jeremías citado anteriormente habla de “futuro” y de “­esperanza”. Estamos seguros de que Dios está de nuestro lado y de que la victoria estará garantizada para cada día. Respecto del año 2022 y del futuro, no hay nada que temer, pues Dios ofrece la garantía de que él estará allí.

Cuando su hijo Edson cumplió 19 años, Elena de White le escribió una carta conmovedora, para nuestra reflexión (ver Testimonios para la iglesia, t. 2, pp. 236-242): “Hoy termina otro año de tu vida. […] ¿Has progresado en la vida religiosa? ¿Has crecido en espiritualidad? ¿Has crucificado el yo con sus afectos y concupiscencias? ¿Te interesa más el estudio de la Palabra de Dios? ¿Has obtenido victorias decisivas sobre tus propios sentimientos y carácter díscolo […]?”, cuestionó la pionera. ¿Cuál sería nuestra situación?

El plan divino es que prosperemos espiritualmente. Yo cumpliré los planes de Dios en mi vida; ¿y tú?

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