Imagínate la escena: dos trincheras enfrentadas. Vacunados convencidos, por un lado; antivacunas, por el otro. Entre ellos, una hermandad que queda en medio del fuego cruzado de todo tipo de argumentos. Claramente, esa no es una imagen que evoque los deseos de Dios para su iglesia en el tiempo del fin.

La herejía, con frecuencia, es menos importante que la desunión. La herejía hace que los creyentes cierren filas y rechacen las falsas enseñanzas. Por otro lado, la desunión, sobre todo en asuntos que no son centrales al mensaje del evangelio ni a las doctrinas fundamentales, hace que los sinceros creyentes se opongan entre sí, lanzándose argumentos opuestos, dividiendo así iglesias y congregaciones.

La iglesia está enfrentando hoy una crisis sin precedentes: una pandemia que ha traído crisis sanitarias, económicas, sociales, políticas y hasta ideológicas. La Cuarentena generó un zarandeo importante, y dejó en evidencia a quienes no tenían sus raíces firmes en la Roca, que es Cristo y su Palabra. Ahora, que estábamos comenzando a recuperar el ritmo y las actividades prepandémicos, Satanás quiere dividirnos mediante asuntos que, si bien son importantes (más importantes para algunos que para otros), no son el centro de nuestra vida espiritual ni de nuestro mensaje para el tiempo del fin.

Algunos creen que la unión solo puede ser alcanzada mediante la argumentación: cuantos más argumentos puedan presentar para hacer cambiar de opinión a quienes piensan diferente, mejor. Sin embargo, eso ha demostrado que puede ser como lanzar combustible para apagar un incendio.

Elena de White deja en claro que la causa real de la desunión no son las diferencias doctrinales o de opinión, sino la desconexión con Cristo: “La causa de la división y la discordia entre las familias y en la iglesia es la separación de Cristo” (Letters and Manuscripts, t. 19, Carta 49, 1904). En este sentido, la solución también es clara, según lo aconseja la autora a continuación: “Acercarse a Cristo es acercarse unos a otros. El secreto de la verdadera unidad en la iglesia y en la familia no es la diplomacia, ni la administración ni un esfuerzo sobrehumano para superar las dificultades – aunque habrá mucho de esto por hacer–, sino la unión con Cristo. Imagina un círculo grande, desde cuya circunferencia parten muchas líneas hacia el centro. Cuanto más se acercan estas líneas al centro, más cerca están unas de otras. Así es en la vida cristiana. Cuanto más nos acerquemos a Cristo, más cerca estaremos los unos de los otros. Dios es glorificado cuando su pueblo se une en acción armoniosa” (ibíd.).

No es tanto el rigor lógico o la precisión teológica lo que traerá la unión, sino el espíritu manso y humilde de Jesús: “La sabiduría que proviene del Cielo es, ante todo, pura y también ama la paz; siempre es amable y dispuesta a ceder ante los demás. Está llena de compasión y del fruto de buenas acciones. No muestra favoritismo y siempre es sincera. Y los que procuran la paz sembrarán semillas de paz y recogerán una cosecha de justicia” (Sant. 3:17, 18, NTV).

¿Seremos capaces de dejar atrás discusiones vanas que nos separan y dividen, para dar lugar a que Cristo coloque un espíritu de mansedumbre? Fíjense que solo al “sembrar semillas de paz” es que podremos “cosechar justicia”. Dejemos a un lado las discusiones sobre asuntos secundarios, y centrémonos en Cristo, su mensaje y la misión que nos ha encomendado.1 RA

___________

Notas:
1 Elena de White relata que, cuando estaba en Melrose, Massachusetts, se le presentó un hombre que estaba agitando discusiones al afirmar que la Tierra es plana. Ella afirma que, en lugar de tratar de refutar estos argumentos sobre temas secundarios, el Señor le mostró que debía predicar acerca de la misión que Jesús encomendó a sus seguidores antes de ascender al cielo (Mat. 28:18-20). Luego recomienda: “No debemos permitir que nuestra mente esté ocupada por temas como el presentado por este hombre. Con respecto a estos temas, Dios le dice a cada persona: ‘¿Qué tiene que ver contigo? En cuanto a ti, sígueme’ [Juan 21:22]. Te he dado una comisión. Medita en las grandes verdades de prueba para este tiempo, no en asuntos que no tienen relación con nuestro trabajo” (Letters and Manuscripts, Manuscrito 10, 1905).

Sobre el Autor

Pastor y Magíster en Teología (está culminando sus estudios doctorales) desempeña su ministerio en la ACES desde 2001. Autor de "Versiones de la Biblia", es Jefe de Redacción y director de la Revista Adventista desde 2010. Está casado con Claudia y tiene dos hijos: Gabriel y Julieta.

Publicaciones Relacionadas

Responder a Comentario

Tu correo electrónico no sera publicado.