Una guía práctica de cuatro pasos para desconectarse del celular.

El uso del celular y las redes sociales, y la distracción o la falta de concentración que estos generan, ¿está siendo un obstáculo en tu vida a la hora de dedicar tiempo a Dios?

En la anterior entrega de esta columna, a partir de las estadísticas sobre el uso del celular, tomamos conciencia de que un uso no responsable de nuestro celular hace de nosotros una presa fácil para separarnos de Dios. Y la pregunta que nos hicimos es: ¿Qué podemos hacer al respecto?

Así, llegamos a la conclusión de que necesitamos realizar una desintoxicación digital. Por eso, a continuación, te guiaré a través de cuatro simples y prácticos pasos para poder conseguirlo:

1- Notificaciones: Cada aplicación que instalas en tu celular te pregunta si le permites enviarte notificaciones, ya que de esta manera compiten por tu atención. Entonces, para reducir las 63 notificaciones diarias de promedio que llegan en tu celular cada día, deshabilita en tu celular todas las notificaciones, los sonidos, las burbujas y los globos que te dicen cuántos mensajes tienes. Sé que puede sonar radical y que al principio te generará una fuerte abstinencia (te lo digo por experiencia propia), pero de esta forma tú tendrás control sobre la aplicación, y no la aplicación sobre ti. Para eso, pregúntate: ¿Necesito realmente saber lo que esta aplicación me quiere decir en el momento que me lo dice? Al fin y al cabo, si es una emergencia, pueden llamarte.

2- Aplicaciones: De manera consciente, en los usuarios de iOS o con aplicaciones como “Bienestar digital” para usuarios de Android, identifica cuáles son las aplicaciones que más utilizas. Luego, puedes hacer cuatro cosas para reducir ese tiempo:

-Mover la aplicación fuera de la pantalla principal, e incluso colócala dentro de una carpeta para que te sea más difícil el acceso a ella.

-Desinstalar la aplicación y utilizarla solamente desde la computadora, para dificultar así el acceso a ella.

-Colocar límite al uso diario que tienes de ella.

-Tener un horario programado para utilizar esa aplicación.

3- Redes sociales: Filtra las cuentas que sigues, de manera que seas premeditado con estas, y esto puedes hacerlo de cuatro formas:

-Revisa las cuentas que sigues y elimina todas aquellas que no agreguen nada positivo a tu vida o te hagan desperdiciar el tiempo.

-Reduce intencionalmente tu “adicción a lo nuevo”, a “perderte de algo” o “desconectarte del mundo”. Nada sucederá si te pierdes ese contenido. El planeta seguirá girando y mañana habrá otra cosa nueva.

-Si no quieres dejar de seguir a una persona por “códigos”, aunque sea tenla silenciada, de forma que no te aparezcan sus publicaciones.

4- Tómate un tiempo análogo: Separa un tiempo durante cada día para desconectarte de las pantallas y hacer otro tipo de actividades que despejen tu mente. Y, cuando estés haciendo algún tipo de actividad, no tengas el celular cerca. Déjalo en otra habitación, pero que no esté a la vista. Hay estudios que demuestran que nuestra capacidad de concentración no solo se ve afectada cuando estamos utilizando el celular, sino además nuestra capacidad de atención se ve afectada por el solo hecho de tener el celular a la vista, aunque no lo estés tocando.

Sé que parece demasiado al comienzo (y que, incluso, te darás cuenta de lo difícil que es realizar alguno de estos pasos), pero siempre recuerda el objetivo: buscar que el uso del celular o las redes sociales, y la distracción o falta de concentración que estos generan, no sean un obstáculo en tu vida a la hora de dedicar tiempo a Dios.

Es mi deseo y oración que puedas de esta manera aprovechar tu tiempo con Dios y decir como David, en el Salmo 119:14 al 16: “Me he gozado en el camino de tus testimonios más que de toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos. Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras”.

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