Una mirada retrospectiva al surgimiento y el desarrollo de la publicación que tienes en tus manos.

Por Iara Ciro

Este año, la Revista Adventista (RA) cumple 120 años, y la ocasión nos regala la oportunidad de repasar cómo surgió y se desarrolló. Durante más de un siglo, esta publicación ha llegado a los hogares con el fin de cumplir con su misión instructiva, unificadora e informativa en relación con el mensaje que amamos. Es natural que, al realizarse esta evocación, surjan preguntas como las siguientes: ¿Cuáles fueron los antecedentes que marcaron el surgimiento de esta revista? ¿Quiénes han sido utilizados por la Providencia para impulsar su desarrollo? En las próximas líneas se intentará encontrar respuesta a tales interrogantes, como también ofrecer al lector la oportunidad de advertir la indudable compañía y dirección divinas en esta rama de la obra adventista.

Antecedentes

Los primeros periódicos adventistas en Sudamérica se imprimieron a raíz de una iniciativa misionera que buscaba suplir la falta de publicaciones adventistas en español. Los colportores pioneros, llegados en 1891, llevaban consigo publicaciones en los idiomas que conocían, a saber, el inglés, el alemán y el francés. Ya para 1897, el territorio en el que se podían vender libros y revistas de esta clase había sido prácticamente cubierto. Este es el contexto del surgimiento de la revista El Faro, en el año 1897, en Buenos Aires, Argentina. Esta publicación estaba destinada especialmente al público de la costa oriental de Sudamérica; es decir, Argentina, Paraguay y Uruguay.

Simultáneamente, en Valparaíso, Chile, en 1899, el joven y entusiasta Eduardo W. Thomann propuso la publicación de un periódico para la costa occidental del continente, que abarcaba Chile, Bolivia, Ecuador y Perú. Dicho periódico comenzó a imprimirse en el año 1900 y su nombre fue Las Señales de los Tiempos.1 Cinco años más tarde, en 1905, el nombre de la revista El Faro fue reemplazado por La Verdad Presente. Ya para 1910, se decidió suspender su publicación y que Las Señales de los Tiempos fuera la revista misionera oficial para todo Sudamérica. Sin embargo, no permaneció sin alteraciones, puesto que en 1913 pasó a llamarse El Atalaya y en 1956 Vida Feliz, denominación que recibe hasta hoy.

Estos periódicos tenían el propósito particular de servir como mensajeros silenciosos en la obra misionera. Sin embargo, la Revista Adventista surgió por motivos diferentes. Tuvo desde sus inicios la finalidad de actuar como medio de información para los creyentes, principalmente entre los que se encontraban en la costa occidental del cono Sur.

En este sentido, es esclarecedor lo que Alfredo R. Ogden, presidente de la Misión de la Costa Occidental, escribió para el número 9 (septiembre) de la Revista Adventista en 1902: “Deseamos hablar con todos nuestros hermanos en todas partes del campo muchas veces. No es posible escribir a cada uno una carta personal cada vez, pero tenemos La Revista Adventista, por medio de la cual deseamos decir muchas cosas tocantes a la obra y al anuncio del mensaje para estos últimos días. Así que, deseamos que cada uno considere las cosas escritas en La Revista Adventista como carta personal y a sí mismo”.

La Revista Adventista, además, llegó para suplir otras deficiencias. En ese entonces, el número de obreros era muy reducido, de manera que no era posible visitar a todos los hermanos ni permanecer suficiente tiempo con ellos a fin de de instruirlos en todos los puntos de la verdad, lo cual resultaba, desdichadamente, en que muchos se enfriaran y se apartaran de la fe.2

Surgimiento

El primer número de la Revista Adventista –órgano interno y exclusivamente confesional– fue publicado el 1º de enero de 1901 en la ciudad de Valparaíso, Chile. Se debió a la ardiente iniciativa, el incansable trabajo y la generosa subvención de un misionero de sostén propio, Eduardo W. Thomann. Se puede describir a Thomann como pionero, colportor, editor, tipógrafo, promotor, vendedor y administrador de las publicaciones adventistas. El proyecto, además, recibió apoyo administrativo del pastor Granville H. Baber.

Al momento de su publicación, la revista contaba con cuatro páginas de un tamaño algo mayor que la mitad del formato actual. Pero, ante la necesidad de más espacio para dar cabida a todo lo que se deseaba publicar, el número aumentó a ocho páginas en abril de ese mismo año. Esto fue posible a pesar de que el dinero entrante por las suscripciones alcanzaba para pagar solo una pequeña parte de los gastos.

En cuanto al contenido, en sus inicios la revista tenía artículos de Elena de White, que aún vivía, y que eran traducidos por el mismo Eduardo Thomann. Lo mismo ocurrió con los escritos de otros pioneros y representantes de la obra. Por otra parte, sus páginas estaban ocupadas por noticias generales de la misión adventista y por las lecciones de Escuela Sabática; las cuales, por supuesto, eran muy diferentes en cuanto a extensión y diseño de las que conocemos hoy.

Es importante recordar que, en sus tempranos años, la revista circulaba mayormente en la costa occidental de Sudamérica. Pero, en la costa oriental existían las mismas necesidades de comunicación y unión entre los creyentes que inspiraron el establecimiento de la Revista Adventista. Por esa razón, para 1898, ya existía un boletín de noticias de cuatro páginas que circulaba en esa zona. Se denominaba la Carta Mensual. Se trataba de una publicación en español y en alemán, debido a que la mayoría de los hermanos adventistas de este territorio eran germanoparlantes. Era una especie de boletín informativo escrito a máquina e impreso por medio de un hectógrafo.

Cada una de estas publicaciones, La Revista Adventista y la Carta Mensual, servía bien en su campo respectivo. Pero, con el paso del tiempo, se volvió imperioso contar con un órgano único de difusión para ambos campos. Así, en 1904 se decidió discontinuar la Carta Mensual y publicar La Revista Adventista para todo el territorio hispano de Sudamérica.

Desarrollo y progresos

Después de esto, muchos cambios permitieron el crecimiento de la Revista Adventista. Es clave señalar que las lecciones de la Escuela Sabática comenzaron a publicarse en un folleto por separado en septiembre de 1904, lo que dejó espacio para la publicación de otros temas de interés. En abril de 1906, la Revista Adventista dejó de imprimirse en Chile y comenzó a publicarse en Florida, Buenos Aires, porque allí estaban las oficinas centrales de la Unión-Asociación Sudamericana. En 1908, el número de páginas aumentó a doce. A comienzos de 1909, el número de páginas se elevó a 16, y se agregaron secciones para jóvenes, para el hogar, y otros. Evidentemente, a medida que pasaron los años también se presentaron páginas para tratar temas como salud, teología, testimonios, Espíritu de Profecía, etc.

Desde 1901 hasta el número de marzo de 1929, apareció como subtítulo el pasaje de Apocalipsis 14:12: “Aquí está la paciencia de los santos. Aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús”.

Desde su creación, la RA fue editada en blanco y negro, con algunas excepciones en la tapa, la contratapa y secciones aisladas. Sin embargo, en 1997 comenzó a editarse toda la RA en colores. En 1999, tenía el subtítulo “para toda la familia”, que fue quitado en 2012. Por lo general, siempre se editaron doce ejemplares por año; aunque cabe destacar que durante un largo período (desde 1918 hasta 1947) se publicaron 24 ejemplares por año (dos por mes). También es interesante mencionar que hasta 2006 existió una sección dedicada a las necrologías.

En noviembre de 2013, con motivo de celebrarse en la Asociación Casa Editora Sudamericana (ACES), y en otras instituciones de Argentina, la Junta Plenaria de la División Sudamericana, se realizó un número especial que comunicaba toda la información del evento. Esta RA fue histórica, ya que se realizó en su totalidad en una semana y la foto de la tapa (con todos los integrantes de la Junta) fue sacada en la mañana del mismo día en que se imprimió y se repartió. Fue un esfuerzo editorial que involucró a todo el personal de la ACES.

En enero 2016 se lanzó el sitio web de la Revista Adventista, donde se suben la mayoría de los artículos que salen en la revista impresa, y algunos “exclusivos web”.

Desde enero de 2019, la Revista Adventista se fusionó en un solo volumen con la revista Adventist World, órgano de difusión oficial de la Iglesia Adventista en el ámbito mundial, que se imprimía por separado desde 2005. Además, con este cambio se comenzó a distribuir la nueva revista de forma gratuita, sin necesidad de suscripción previa.

Por último, desde fines de 2020, está disponible el sitio web del nuevo archivo digital de la Revista Adventista, con todos los números publicados desde 1901 que se tenían en papel.

Impacto y legado

Todas estas instancias han contribuido a que la Revista Adventista tuviera un impacto significativo en la iglesia hispanohablante de Sudamérica. No obstante, también podemos atribuir dicho éxito a otros tres factores.

En primer lugar, gran parte de su prestigio resulta del rol que ocupa como depositaria del más invaluable contenido. Durante 120 años se ha dedicado a exaltar las verdades bíblicas que constituyen la razón de ser de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, lo que contribuye a la unidad doctrinal de la iglesia.

En segundo lugar, la extensión de su influencia debe atribuirse en buena medida a la convicción, el entusiasmo y la perseverancia de todos aquellos que han sido utilizados por Dios durante estos 120 años en la preparación, la impresión y la distribución de la Revista Adventista. Mucho se debe a quienes creyeron de todo corazón, y aún creen, que las declaraciones inspiradas acerca del valor de las publicaciones son fidedignas, y por lo tanto han dado evidencia de esa creencia al hacer aportes administrativos, divulgativos, financieros e intelectuales.

En tercer lugar, el factor determinante del éxito que esta revista ha alcanzado ha sido, indudablemente, la bendición de Dios en cumplimiento de sus promesas. Por eso, concluimos esta mirada retrospectiva de la Revista Adventista en español persuadidos de que no podemos menos que admirarnos por la manera en que el Señor acompañó y orientó este bendecido ministerio; impulsando su surgimiento, proveyendo los medios para que su establecimiento fuera posible, y motivando e iluminando a quienes han colaborado con esta causa amada.

Finalmente, no tendría sentido este repaso histórico si no sirviera para dejar un mensaje a nosotros, quienes somos responsables del avance de la predicación del evangelio en estos días finales de la historia. Citamos, por lo tanto, un llamado que el fundador de la Revista Adventista, Eduardo W. Thomann, realizó a los miembros de iglesia de su época. El objetivo es que sus palabras resuenen hoy con la misma urgencia:

“Es necesario que cado uno –cada adventista– haga algo para propagar la verdad. […] Pedid al Señor que os dé valor, y no seáis tímidos; mirad que no hay nada vergonzoso en la obra del Señor. Hermanos, hermanas y niños, todos pueden y deben iniciarse en esta tarea”.

Referencias:

1 Ver E. H. Meyers, Reseña de los comienzos de la obra en Sudamérica (Florida, Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, s.f.), pp. 15, 16.

2 E. W. Thomann, “Cómo nació La Revista Adventista”, La Revista Adventista 50, N°1 (enero 1950), p. 3.


Iara Shamira Ciro estudia Teología y realiza su pasantía en el Centro de Investigación White, en la Universidad Adventista del Plata.


Testimonios de los primeros lectores

Extraídos del número 9 de 1901

“Recibí La Revista Adventista. Te felicito, hermano, por este pequeño periódico. Para mí es siempre un gozo especial cuando lo recibo. Me regocijo sobre su contenido y, aunque me condena a veces, lo amo cada vez más. Yo amo la reprensión y agradezco a quien me pone en buen camino”.

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“Siga adelante, Eduardo: es buena obra, el fruto no faltará: y a los sabios encaminará a la luz. No te desalientes, hay otros corazones nobles todavía, que están también dispuestos a hacer sacrificios para fomentar la revista”.

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“Amado hermano Eduardo: Hoy recibí nuevamente la revista: la leí de punta a cabo, en un instante, por ser tan agradable su lectura. Quiera Dios que cada hermano la leyera con la misma atención que yo”.

Testimonios de lectores actuales

“Gracias a la información que proporciona, la Revista Adventista ha sido muy útil para mi vida personal, familiar y laboral. Soy profesor y anciano de iglesia, y utilizo mucho sus artículos informativos y de enriquecimiento espiritual”.

Eduardo Bravo (Pozo Almonte, Tarapacá, Chile).

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“Colecciono los números de la Revista Adventista, que me han ayudado en tantas sociedades de jóvenes en la década de los años ‘90, en charlas de psicología, con artículos muy interesantes, historias de otros países, avances científicos, etc. ¡Me encantan! Nada reemplaza el papel. Después de leer la revista dos veces, la regalo siempre. Gracias por informar y educarnos por tantos años”.

Vero Vargas (Villa Krause, San Juan, Argentina).

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“Soy adventista del séptimo día desde 1994. Me fasciné con la lectura de la Revista Adventista desde que miré un ejemplar de mi suegro con un artículo maravilloso, y me prometí comprar cada año mi suscripción. Mi artículo favorito de todas las revistas es el de Randy Maxwell de la edición de agosto de 2006: ‘¿Revisó su aceite últimamente?’ He sacado tres sermones de él. Mi articulista favorita es Lorena Finis de Mayer; leo cada ejemplar lo más rápido que puedo, para llegar a sus artículos al final.

“Han sido una gran bendición en mi vida. Colecciono la RA desde 1994. Tengo cientos de ejemplares. Considérenme una persona muy agradecida con ustedes, especialmente con el equipo de diseño y diagramación, siempre a la vanguardia y refrescando su imagen. Soy diseñadora, y sé que su tarea es invaluable. Gracias por su maravilloso trabajo en pos de nuestro crecimiento espiritual”.

María Sol Vela (Ambato, Tungurahua, Ecuador).


Mensajes de algunos exdirectores de la RA

“Por la bondad divina, asumí y atendí las tareas de dirigir la Revista Adventista durante un año y medio aproximadamente, a partir de 1973, luego de haber colaborado varios años como redactor, junto con el Dr. Víctor E. Ampuero Matta, uno de sus más destacados directores y versado jefe de Redacción. Haber tenido ese privilegio resultó para mí de gran beneficio en cada instancia de servicio y un factor de crecimiento en la gracia.

“Aquella fue una época de serios desafíos para la iglesia mundial, la cual consideró urgente fomentar desde cada página de las ediciones regionales de la Revista Adventista un espíritu de unidad, sólida adhesión y comprensión de las verdades bíblicas distintivas del mensaje adventista por parte de los creyentes, y su activa participación en la intransferible misión que nos ha sido proféticamente encomendada; aspectos de la experiencia cristiana todavía centrales y vitales hoy, cuando cada uno debe estar preparado, en vista de que se aproxima el fin del tiempo.

“Por eso, considero tan necesario e importante leer regularmente la Revista Adventista, para escuchar los vivientes latidos del corazón del Movimiento Adventista alrededor del mundo, y marchar a su paso con renovada y vigorosa confianza en Cristo, gozosa obediencia a sus mandamientos e inconmovible esperanza en su pronto retorno”.

Isaías Gullón, director de la Revista Adventista entre 1973 y 1974.


“La Asociación Casa Editora Sudamericana fue mi vida. Fue el lugar más hermoso donde estuve. Trabajé mucho allí y Dios me ayudó. Fui muy feliz haciendo todos los trabajos allí. Fue una gran bendición. Aprendí mucho; y cada vez que tuve un problema siempre alguien estuvo ahí para ayudarme. Fue demasiado increíble. Puse toda mi cabeza y mi corazón en este trabajo”.

Esther I. de Fayard, directora de la Revista Adventista entre 1982 y 1984. Actualmente tiene 100 años de edad.


«Cuando nací, hace noventa años, la Revista Adventista llegaba todos los meses a mi casa. Su lectura alimentó en mí el anhelo de participar en la misión de la iglesia. Pero, lo que nunca imaginé fue que, entre mis últimos trabajos para el Señor, me tocaría dirigir la preparación de esa revista por varios años.

“¡Cuántos desafíos! Buscar, obtener y organizar un material que fuera inspirador, educativo, práctico e interesante. Fortalecer el sentido de misión en los lectores de Sudamérica. Hacerlo en un plazo limitado, a fin de imprimir la revista a tiempo cada mes. Claro, necesitábamos un permanente espíritu de oración. Y agradezco a Dios por esa experiencia inspiradora que me ayudó a crecer.

“Y son 120 años en los que la Revista Adventista sigue animando y sirviendo a la hermandad. Demasiado tiempo. Ya el Señor debería haber venido. Pero, mientras esperamos, cumplamos la misión que nuestro Dios nos ha dejado. El Señor todavía no ha venido, pero confiamos y creemos que pronto lo hará. Y, entonces, todos tendremos el gozo y la alegría de la misión cumplida”.

Rolando A. Itin, director de la Revista Adventista entre 1984 y 1991.


“Ser director de la Revista Adventista significó un gran desafío, una gran responsabilidad y una gran bendición para mi vida, tanto intelectual como espiritual. Porque esta publicación de la iglesia expresa nuestra identidad como pueblo de Dios.

“Estoy seguro de que, en estos 120 años de existencia de la Revista Adventista en la División Sudamericana, el desafío de los editores ha sido el mismo: afirmar con cada número las verdades cardinales que dieron origen y dan sentido al derrotero de nuestra iglesia. Formar e informar. Alimentar la fe en la segunda venida de Cristo y comunicar el modo en que la iglesia vive esa fe en cada nación y pueblo adonde llega el mensaje de esperanza. Pasar la antorcha de la fe en el advenimiento de Cristo de una generación a otra.

“Pero, este desafío y esta responsabilidad produjeron una gran bendición en mi vida: responder al llamamiento divino que el profeta Habacuc expresara hace miles de años: ‘Escribe […]. Esta visión es para un tiempo futuro. Describe el fin, y este se cumplirá. Aunque parezca que se demora en llegar, espera con paciencia, porque sin lugar a dudas sucederá. No se tardará’ ” (Hab. 2:2, 3; NTV).

“Esta es la bendita tarea de nuestra Revista Adventista. Amén”.

Ricardo Bentancur, director de la Revista Adventista entre 2002 y 2003.


“Siempre admiré a mi tío, el pastor Víctor E. Ampuero Matta, que había sido director de la Revista Adventista mientras yo era niño y adolescente. Vivíamos a pocas cuadras, y me gustaba conversar con él cuando nos visitaba frecuentemente. Así que, consideré un privilegio muy especial, años después, el desempeñar la misma función que él había tenido.

“Al preparar la Revista Adventista cada mes, mi meta era que fuera inspiradora y contribuyera al crecimiento espiritual de los lectores, además de ser variada y atractiva. Buscaba incluir artículos de autores hispanos sudamericanos combinados con artículos seleccionados de la Revista Adventista en portugués (publicada en Brasil) y la Adventist Review, para darle la perspectiva mundial.

“Para mí, la Revista Adventista fue como un púlpito. La gran mayoría de los artículos que escribí fueron, en realidad, el contenido de sermones que había predicado o que estaba por predicar.

“Han pasado los años, pero sigo disfrutando cada mes de la Revista Adventista. Doy gracias a Dios porque continúa siendo un medio para elevar e instruir a los miembros de la iglesia, y porque nuestro hijo, Walter, que es uno de sus editores asociados, continúa la labor realizada”.

Carlos A. Steger, director de la Revista Adventista entre 2003 y 2010.


“Cuando me comunicaron, ya hace doce años, que me estaban nombrando para la responsabilidad de ser gerente de Redacción de la ACES, sentí una carga pesada; sobre todo, porque eso también implicaba tomar la dirección de la Revista Adventista. Con su historia centenaria, los grandes hombres de Dios que fueron directores en el pasado y su proyección actual, sabía que sería un gran desafío.

“En estos últimos años, la Revista Adventista ha pasado por varias transformaciones: tiene su versión online, con una fuerte presencia en las redes sociales; se distribuye de manera gratuita en las iglesias hispanas de toda la División Sudamericana; y se publica en sociedad con Adventist World, el órgano oficial de la iglesia en el ámbito mundial. Todo esto, sin perder su vocación de seguir proclamando el mensaje adventista con el fin de preparar a un pueblo para la segunda venida de Jesús.

“Esa tremenda responsabilidad, que acepté sabiendo que solamente podría llevarla adelante por el poder de Dios, sigue pesando sobre mis hombros, pero se hace mucho más liviana gracias al gran equipo de editores asociados: Pablo Ale, Walter Steger y Eduardo Kahl; y a los columnistas mensuales que mes a mes escriben desde todos los países hispanos de la División Sudamericana y más allá también.

“¡Qué privilegio formar parte de esta historia de 120 años de milagros!”

Marcos Blanco, actual director de la Revista Adventista desde 2010.

One Response

  1. Delia ziegler

    Mis ancestros fueron unos de los primeros conversos en Aldea Jacobi de crespo ,mi abuela trabajo ,cuando chica acarriaba ladrillos ,para el sanatorio a camarero creo.

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