El análisis profundo de un texto que nos motiva a vivir bajo la influencia iluminadora del Espíritu Santo.

¿Qué significa o qué quiso expresar San Pablo cuando escribió lo siguiente?: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Cor. 2:14, RVR 60). La traducción al español del adjetivo psychikos (“natural”, “mundano”, “físico”) aquí no es una tarea sencilla.

El sufijo griego ikos indica “aptitud” y “propiedad”; por lo tanto, a partir de la raíz psychē conlleva el sentido de “interioridad”. Es decir que se refiere a aquello que nos es propio y nos define. Así, entonces, y en virtud del contexto literario y teológico inmediato de 1 Corintios 2:14, psychikos designa un patrón de conducta inherente a la raza humana caída, a saber, la incapacidad de ser receptivo a la sabiduría divina como resultado de un comportamiento que se descubre indiferente a la obra reveladora del Espíritu de Dios (1 Cor. 2:10, 12, 13).

De ahí, pues, los matices de significado que exhiben las traducciones de psychikos anthrōpos en nuestras versiones modernas en español: “El hombre natural” (RVR 60), “el ser humano naturalmente” (BJ), “el que no es espiritual” (DHH), “el que no tiene el Espíritu” (NVI), “los que no son espirituales” (NTV), “los que no tienen el Espíritu de Dios” (TLA). Al cotejar estas y otras traducciones de psychikos al español, notamos en las equivalencias sugeridas el uso predominante de adjetivos con el sufijo -al (“el hombre natur-al”, “El que no es espiritu-al”), que, generalmente, indica relación o pertenencia: “natur-al”, relativo o perteneciente a la naturaleza; “espiritu-al”, relativo o perteneciente al espíritu/Espíritu.

Son llamativas e interesantes, sin duda, las traducciones del adjetivo psychikos que ofrecen algunas versiones:

  • La Reina-Valera Antigua, la Nácar-Colunga y la Biblia del Jubileo: “el hombre anim-al” (énfasis añadido), siguiendo de cerca una antigua traducción latina (animalis homo). 
  • La Nueva Biblia Española dice: “El hombre de tejas abajo” (énfasis añadido), locución coloquial e idiomática que refiere a todo aquello relativo al ámbito natural/humano. 
  • La versión bíblica La Palabra: “La persona mund-ana” (énfasis añadido), quienes, por elección personal, tienen el espíritu de este mundo.

Otra sugerencia bien podría ser: “la persona terren-al / terr-ena”, adjetivos cuya raíz (“tierra”) y sufijo (-al/-ena) precisan la esfera de acción donde se manifiesta el comportamiento y de donde derivan los intereses del ser humano sin la iluminación del Espíritu de Dios. Estamos ante una percepción unilateral de la realidad, anclada en el aquí y en el ahora; sin pasado, y por lo tanto carente de identidad, ni futuro, y por ende sumida en la desesperanza.

Ahora bien, la realidad teológica representada por psychikos en 1 Corintios 2:14 se encuentra en franca oposición respecto de todos aquellos que, en el versículo 15, son denominados pneumat-ikos (“espiritu-al”); es decir, quienes han decidido vivir bajo la influencia restauradora y la iluminadora dirección de la tercera Persona de la Deidad: “aquel que tiene el Espíritu” (DHH), “los que tienen el Espíritu de Dios” (TLA), “A person who walks by the Spirit” (The Voice).

De esta manera, varias versiones modernas evitan emplear el valor primario de psychikos procurando reflejar el marcado contraste paulino entre los que escogen vivir “sin la iluminación del Espíritu de Dios” (psychikos, 1 Cor. 2:14) y aquellos que deciden hacerlo “con la iluminación del Espíritu de Dios” (pneumatikos, 1 Cor. 2:15).

Hemos de reconocer abiertamente aquí, y a modo de síntesis, que “sin la dirección del Espíritu Santo, estaremos constantemente expuestos a torcer las Escrituras o a interpretarlas mal” (Elena de White, Recibiréis poder, p. 105). Así, pues, es lícito afirmar que no “podemos llegar a entender la Palabra de Dios sino por la iluminación del Espíritu por el cual ella fue dada” (Elena de White, El camino a Cristo, p. 109).

Concluimos, efectivamente, que el “mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios” (1 Cor. 1:18, NVI).

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