¡Cuidado con los peligros de la sexualidad digital!

En 1997 fui a cantar a la Iglesia Adventista de Florida, en Buenos Aires. Entre el público divisé a la mujer más linda que alguna vez hayan visto mis ojos. Cuando terminó el concierto, fui rápidamente a tratar de saludarla y preparé un tremendo discurso de conquista. Pero nada resultó. Estaba tan nervioso que la voz no me salía. Ella, amablemente, me saludó. Mi mayor logro en esta fallida conquista fue que conseguí sacarnos una foto. “Un fracaso total”, concluí.

Así que regresé a Chile enamorado de una argentina hermosa. Lo único que tenía de ella era una foto impresa que guardé en mi Biblia por dos años. Durante ese tiempo le escribí cartas de puño y letra, en sobre de papel. Mis románticas misivas desde Chile demoraban un mes en llegar a su casa. Luego, tenía que esperar otro mes para saber la respuesta. Finalmente, después de dos años, volví a la Argentina. Entonces, la invité a salir (¡ahora sí me salió la voz!). Sin rodeos, le pregunté frente al Obelisco porteño: “¿Qué debo hacer para conquistarte?” No respondió. En el aeropuerto, de regreso a casa, me sentía sumamente triste. Al parecer, todo se desvanecía como las nubes del cielo que veía por la ventanilla del avión. “Señor –oré en silencio en pleno vuelo–, ella es la mujer perfecta para mí”.

Unas semanas después, sucedió algo extraño. ¡Me llegó un correo electrónico de su parte! El e-mail era una tecnología muy nueva en ese entonces. Era un texto muy extenso y, al final, me respondía la pregunta. Escribió: “Nada, porque ya me has conquistado. ¡Vuelve pronto!” Y así, desde aquel comienzo, ya cumplimos 21 hermosos y felices años juntos.

Los tiempos cambiaron. Hoy, una conquista (te aseguro) no te llevará dos años. La tecnología hace más sencillo todo. A principios del milenio, empezaron a surgir páginas y redes sociales para la interacción entre usuarios. Actualmente podríamos acceder casi a cualquier persona que quisiéramos conocer. También hay aplicaciones para casados que quieren tener aventuras y para aquellos que buscan pornografía. Todo al alcance de tu mano, en tu propio celular.

El sex tech, la unión entre tecnología y sexo, permite ahora satisfacer deseos sexuales digitalmente: se paga por prostitución digital, se paga por tener citas digitales, por envío de fotos y audios de contenido sexual.

Esta es la cultura en la que vivimos: una cultura que deshumaniza la relación amorosa, ya que solo es un producto de mercado. Amado(a) joven o jovencita: cuida tu alma. Estás viviendo una época en que el enemigo está tomando control de todo, hasta de la forma en que expresamos nuestro amor, corrompiéndolo, envenenándolo, para que seas infeliz y solo sientas culpa. Tu sexualidad es sagrada, y fue creada por Dios para que seas feliz.

La nueva sexualidad digital a la que estás expuesto produce adicción, y tal como cualquier otra, para librarse de ella es necesario desintoxicarse. Tu mente y tu alma se envenenan, tu voluntad se debilita; y afecta tu autoestima porque tu centro ahora es satisfacer tu deseo sexual digital. Tus energías están puestas en tus deseos sexuales y pierdes interés en crecer y desarrollar otros aspectos de tu vida: trabajar en la iglesia, estudiar y potenciarte pasan a un segundo plano, por causa de esta adicción. El amor y la sexualidad son algo maravilloso, pero deben desarrollarse solo en el ámbito del matrimonio. Este es el diseño divino para que seas feliz.

Te invito a recuperar tu libertad. Si no puedes lograrlo solo, pide ayuda a alguien de confianza. Con un arrepentimiento genuino, Dios puede darte la verdadera libertad. Purifica tu vida fijando tu vista y tus pensamientos en lo sagrado.  

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