El estilo de vida que Dios nos propone es una bendición para nuestra salud.

Para la comunidad adventista de todo el mundo, hablar de estilo de vida y salud es hablar de principios esenciales, presentes desde la Creación en el Jardín del Edén (Génesis) hasta el final del tiempo, con el mensaje de los tres ángeles (Apocalipsis).

Con el surgimiento de la Iglesia Adventista después de 1844, aparecieron las primeras revelaciones de salud dadas por Dios, conocidas como la “Reforma prosalud”, o el “Estilo de vida saludable”, como se las llama actualmente entre la comunidad médica. Dios tenía un propósito especial para su pueblo, y le recordó las recomendaciones de salud que debía vivir y compartir.

La salud completa, es decir la restauración física, emocional, social, mental y espiritual, nos conduce a la salud total, o salvación, que es el resumen del maravilloso plan de redención.

En los últimos veinte años, la comunidad científica global ha publicado suficiente evidencia acerca de los beneficios para la salud de un buen estilo de vida, en el que se incorporan la medicina preventiva, la promo­ción de la salud y enfoques terapéuticos poderosos con medicina del estilo de vida. Por medio de esto, no solo se logra prevenir las enfermedades, sino además detener e incluso revertir enfermedades crónicas como diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.

Un mensaje revelado

Algo que llama poderosamente la atención es que tenemos este mensaje de salud revelado desde los inicios de la Iglesia Adven­tista, hace ya más de 150 años; aunque claramente (y también podríamos decir lamentablemente) no todos practican y disfrutan de dicho estilo de vida. 

Una dieta balanceada, basada en vegetales, con alimentos integrales y que contenga los macro y los micronutrientes, es aceptada actualmente como la mejor recomendación para el estilo de vida. Ingerir cinco porciones de frutas y verduras por día y evitar el consumo de proteínas animales y grasas saturadas está relacionado con la prevención, el tratamiento y la recuperación de enfermedades. 

  Recientemente se ha comprobado que la dieta es el mayor determinante del microbioma intestinal, que está relacionado con la respuesta inflamatoria e inmunológica del tubo digestivo. Las personas con una dieta basada en vegetales tienden a tener su microbioma en equilibrio y a producir ácidos grasos de cadena corta como el butirato, que posee múltiples efectos saludables para la salud cardiovascular.

La actividad física, 150 minutos por sema­na, combinando 5 días de ejercicio aeróbico y 2 o 3 días de ejercicio de resistencia, posee una pléyade de efectos positivos para la salud, equivalente a un paquete de más de diez fármacos, con la ventaja de no tener los costos ni los efectos secundarios de los medicamentos.

Otros remedios naturales son: disfrutar de un sueño adecuado (entre seis y ocho horas por día en los adultos); hacer elecciones adecuadas; decir no a los tóxicos socialmente aceptados, tales como tabaco, alcohol y drogas; desarrollar estrategias y programas para manejar el estrés; y fortalecer la salud social, con conectividad social buena y positiva. Y, sobre todo, disfrutar de salud espiritual es esencial y trascendente.

Reducir el riesgo personal de COVID-19

Si estás leyendo estas líneas es porque eres un sobreviviente de la pandemia de la COVID-19. Muchos amigos y seres queridos sucumbieron ante la peor crisis de salud de los últimos tiempos. Sin importar en qué país vives, están ocurriendo consecuencias sociales, económicas, políticas y de medidas restrictivas, incluso de derechos fundamentales. Sin embargo, debemos aprender de lo ocurrido. Futuras crisis ­están por venir. Incluso ya están ocurriendo recaídas o segundas olas de esta pandemia.

Aunque sabemos que pronto estarán disponibles vacunas para la COVID-19, que brindarán potencial protección contra secuelas específicas de esta enfermedad, lo mejor de todo es saber que el estilo de vida saludable, como medida de prevención prima­ria, puede reducir los riesgos individuales de exposición al virus, reducir el desarrollo de formas clínicas graves y, claramente, reducir la mortalidad.

Finalmente, el estilo de vida, al igual que la salvación, es personal; tiene que ver con nuestra identidad de obediencia a Dios, con nuestra patente y código postal celestiales. Esto significa mucho más que ganar diez años de salud en promedio, reducir la susceptibilidad a enfermedades y mejorar transitoriamente la calidad de vida –lo que ya es muy bueno–; significa además disfrutar la transformación real de nuestra vida por parte de Dios y aceptar de veras el regalo de la Eternidad.


Jhony de la Cruz es médico, profesor e investigador universitario en la Facultad de Medicina Humana de la Universidad Ricardo Palma, en Lima, Perú.

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