¿Qué palabra elegirías para representar 2020?

Sin duda, algunos vocablos se han popularizado de repente el pasado año y han dejado huellas profundas: “pandemia”, “COVID-19”, “aislamiento”, “distanciamiento”, “cuarentena”, “crisis”, “miedo”, “ansiedad”. Estos son solo algunos de los términos que describen la dura realidad que enfrentamos.

Estas palabras también fueron una parte intensa de mi vocabulario, hicieron que la iglesia les dedicara tiempo y energía, y nos llevaron casi al borde de la desesperación. A pesar de todo este contexto, elegí otra palabra para representar 2020: “Gratitud”.

Cuando mi memoria retrocede en el tiempo, recuerdo todas las incertidumbres, las pérdidas y los sufrimientos que tuvimos. Aun así, estoy agradecido porque Dios fue más grande que las incertidumbres, su fidelidad fue más grande que la prueba, sus bendiciones fueron más grandes que las pérdidas y la fe en él fue más grande que la crisis. La presencia de una pandemia no pudo suscitar dudas sobre la presencia de Dios. El consejo divino recomienda: “Necesitamos cultivar la gratitud. Deberíamos contemplar frecuentemente y volver a contar las mercedes de Dios, y alabar y glorificar su santo nombre, aun cuando experimentemos dolor y aflicción” (Elena de White, Mensajes selectos, t. 2, p. 330).

Este espíritu de gratitud debe expresarse de dos maneras: dando gracias por alguna situación específica, en la que las bendiciones y los milagros fueron notables; y mostrando gratitud en todas las situaciones, ya sean buenas o aparentemente malas. 2020 ofreció una oportunidad para expresar ambas formas, porque “a medida que aumentaba el sufrimiento, también aumentaba la provisión de gracia” (Warren Wiersbe).

Cada uno de nosotros tiene alguna situación específica por la que podemos agradecer a Dios. Como Iglesia Adventista en América del Sur, tenemos varias. Ellas nos muestran que, si bien el mundo se ha paralizado, la misión y la solidaridad no han sido puestas en cuarentena. La pandemia levantó un ejército misionero y solidario. Se alcanzaron corazones sinceros y se aliviaron las crisis. Miles de necesitados recibieron alimentos y multitudes fueron bautizadas.

Si traducimos todo esto a números, podemos afirmar que, hasta noviembre del año pasado, más de 825.000 personas estaban recibiendo estudios bíblicos de 425.000 adventistas. Como resultado, se bautizaron 159.075 almas, de las cuales 25.174 regresaron a la iglesia. Fue aún más sorprendente ver el surgimiento de 373 nuevas iglesias en días tan desafiantes.

La solidaridad también se ha multiplicado. Se distribuyeron 4 millones de kilos de alimentos a 1.621.436 personas. A su vez, ADRA desarrolló 115 proyectos específicos para enfrentar la pandemia, lo que benefició a 913.428 personas. Por su parte, 79.772 personas fueron atendidas por el proyecto Oído amigo, a través de 827 psicólogos voluntarios. Aun bajo la sombra de la COVID-19, tuvimos 65.742 jóvenes que donaron sangre a través del proyecto Vida por vidas.

Sin embargo, el mayor desafío fue aprender a ser agradecidos en todas las situaciones. A pesar de que los templos estaban cerrados, de que las personas estaban infectadas y que las vidas perdidas fueron muchas, el corazón se mantuvo agradecido, porque “si supiéramos lo que Dios sabe, pediríamos exactamente lo que él nos da” (Timothy Keller). Si, cuando estábamos en la cima de la montaña gozando de las bendiciones de Dios, reconocíamos que él es justo y fiel, ¿por qué dudaríamos de eso ahora que estamos en el valle del dolor y el sufrimiento?

LA PRESENCIA DE UNA PANDEMIA NO PUDO SUSCITAR DUDAS SOBRE LA PRESENCIA DE DIOS.

Pr. Erton Köhler

Jesús mismo nos enseñó a tener un corazón agradecido en tiempos de crisis. Recordemos que él, “la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió…” (1 Cor. 11:23, 24). Esa fue una noche de traición, de ufrimiento y de muerte. Jesús sudó “grandes gotas de sangre” (Luc. 22:44), pero no perdió su espíritu de gratitud. Así, también nosotros estamos llamados a dar “gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús” (1 Tes. 5:18, NVI).

Por eso, en días difíciles y de prueba severa, Elena de White recomienda “recoger los fragmentos de las bendiciones celestiales como indicios alentadores, diciendo: ‘Señor, creo en ti, en tus siervos, en tu obra. Pondré toda mi confianza en ti’ ” (Carta 49a, 1896).

Entonces, iniciemos este nuevo año mirando hacia atrás con gratitud y hacia adelante con esperanza. La gratitud es el combustible de la fe. Nos asegura que 2021 será mejor, aunque sea peor. No importa el tamaño de las crisis, nuestro Dios siempre será más grande que ellas. Por eso, mantén siempre tu corazón agradecido. RA

ERTON KÖHLER, pastor adventista y presidente de la División Sudamericana.

Sobre el Autor

Pastor y presidente de la División Sudamericana entre 2006 y 2021. Ahora se desempeña como secretario ejecutivo de la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

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