Una promesa de resurrección para tiempos turbulentos.

El profeta Daniel tuvo el privilegio de recibir una serie de visiones y revelaciones de parte de Dios de manera excepcional. El contenido del libro apunta no solo al tiempo de Daniel, sino que describe de forma especial los eventos que sucederían en el tiempo del fin. Por ejemplo, el rey Nabucodonosor tuvo un sueño, y Daniel le dijo que lo que se le había revelado en el sueño ocurriría en “los últimos días” (Dan. 2:28). Así mismo, en Daniel 10:14, el ángel Gabriel visitó a Daniel para mostrarle lo que pasará en “los últimos días”, tal como se menciona en Daniel 2:28. El contenido de lo que se le revela a Daniel apunta no solo a lo concerniente a Medo-Persia o Grecia, sino que va hasta la aparición de Miguel y la liberación del pueblo de Dios.

En el libro de Daniel también encontramos otra frase que apunta a los eventos finales conectados con la profecía de las 2.300 tardes y mañanas. El ángel Gabriel le describe a Daniel el significado de la visión registrada en los primeros 14 versículos del capítulo 8, y le dice que esta profecía apunta al “tiempo del fin” (vers. 17). Esto implica que el tiempo del fin se conecta con el cumplimiento de las 2.300 tardes y mañanas, es decir, 1844. Esta misma expresión aparece en Daniel 11:35 y 40, y aunque no tenemos algún indicador de un tiempo específico en Daniel 11, esto sucede después de que el poder romano persigue al pueblo escogido durante la Edad Media (Dan. 11:33-35) y apunta a la aparición de Miguel (Dan. 12:1).

Finalmente, esta frase también aparece en Daniel 12:4 y 9. En ambos casos, esta expresión aclara que las profecías de Daniel tienen en su cumplimiento un alcance escatológico en torno a la aparición de Miguel posterior.

Como se puede ver hasta aquí, el libro nos revela los eventos de la historia desde los días del profeta hasta nuestros días, y el final de la historia de la humanidad y el fin del pecado. Más aún, Daniel se concentra en lo que ha de acontecer en torno a la venida del Mesías y el establecimiento del Reino de Dios. En este contexto del tiempo del fin, Gabriel no solo le revela a Daniel lo que ha de acontecer con la humanidad y los eventos en torno al pueblo de Dios, sino que también le anuncia en especial un asunto personal. Es así como Daniel 12:13 cierra el discurso de Gabriel indicándole a Daniel que morirá, pero ese no es el final, sino que se le asegura al profeta que recibirá su heredad.

En este pasaje, encontramos una frase única en toda la Escritura: “al final de los días”. Esta frase se conecta con las otras dos frases mencionadas anteriormente y por lo tanto se refiere también a los tiempos finales. Considerando que las frases “tiempo del fin” y “los últimos días” se conectan con el inicio del Juicio Investigador y la aparición de Miguel, quien es Jesús (Apoc. 12:7-9; Jud. 9), es natural que la frase “al final de los días” se conecte, ya que esta expresión es parte de la explicación final del ángel Gabriel sobre “el tiempo del fin”. Daniel 12:8 dice que oyó, pero no entendió, es entonces cuando el ángel Gabriel le da una explicación más que termina con la promesa de resurrección “al final de los días” (Dan. 12:13, 9-12).

Por lo tanto, podemos tener la seguridad y la confianza de que Cristo, “al final de los días”, al finalizar su ministerio sumosacerdotal en el Santuario celestial en favor de su pueblo, vendrá para liberar a su pueblo. La pronta y futura liberación final encontrará a muchos creyentes durmiendo en el Señor y serán resucitados para vida eterna (1 Tes. 4:13-18). Daniel es parte de ese grupo. No solamente Daniel, sino también aquellos que son mencionados en la galería de la fe de Hebreos 11 (con excepción de Enoc, Moisés y Elías) resucitarán en el día del retorno de Cristo, junto con aquellos que aceptaron y vivieron conforme a la promesa de la salvación a lo largo de la historia de la humanidad. Sin duda alguna, aquel día es el que anhelamos y esperamos sea una realidad.

Preparémonos y aguardemos por el encuentro más grandioso de la historia que sucederá al vencer la muerte, por la sangre del Cordero.

¡Maranata!

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