Daniel 8 nos muestra qué implican los elementos cúlticos de la profecía.

Daniel 2, 7 y 8 son entendidos como pasajes que indican el cumplimiento de los mismos eventos de la historia con el mismo final glorioso del pueblo de Dios. A este fenómeno se lo conoce como recapitulación literaria, en la que se aborda el mismo contenido, pero desde diferentes perspectivas. Así, Daniel 2 presenta la historia de la humanidad desde una perspectiva puramente política. Daniel 7 describe el mismo período, desde el Imperio Babilónico hasta el final de la historia, con una perspectiva religiosa. Finalmente, Daniel 8 cubre el mismo período histórico desde la perspectiva del Santuario.

Al revisar Daniel 8, hay elementos que apuntan de forma directa al ministerio del Santuario. En primer lugar, los imperios mundiales referidos son representados con animales que eran parte del sistema ritual del Santuario.

El primer animal mencionado es el carnero (Dan. 8:3). Esta figura aparece más de 160 veces en el texto hebreo, y la mayor cantidad de veces en Éxodo, Levítico y Números, en directa conexión con el Santuario. Del mismo modo, el segundo animal que aparece en Daniel 8 es un macho cabrío (8:5). Este animal aparece más de setenta veces en el texto hebreo, y casi la mitad de estas sucede en Éxodo, Levítico y Números, en un contexto ritual. Esto indica que el uso de estas imágenes para representar a estos reinos trae a la mente del lector una conexión inmediata con los ritos del Santuario.

Es también importante notar que, en el anuncio de los eventos futuros, no solo aparecen estos dos animales, sino además la imagen de los cuernos se usa de forma constante. Los cuernos ya aparecen en Daniel con un significado muy específico, a saber, poderes políticos o religiosos. En Daniel 7 se habla de los diez cuernos de la cuarta bestia y el cuerno pequeño, que representan reinos (7:7, 8, 20, 21, 24).

Sin embargo, es importante que también se puede hacer una asociación con el contexto ritual. Los cuernos aparecen en algunos muebles del Santuario, como el altar del sacrificio (Éxo. 27:1, 2) y el altar del incienso (30:1, 2). Incluso se hace referencia al altar del incienso (Éxo. 30:10) y al altar del sacrificio (Lev. 16:18) en relación con el Día de Expiación, y allí se mencionan los cuernos de estos altares.

El lenguaje cúltico no acaba allí, sino que se extiende a la obra del cuerno pequeño, que se engrandeció (Dan 8:9). Este cuerno se levanta para quitar el continuo sacrificio y derribar el Santuario. En ambos casos, el lenguaje es explícito y directo, y se conectan de manera directa.

Cuando se habla del continuo sacrificio, es necesario aclarar que la palabra sacrificio es una interpretación del traductor, y no lo que el texto dice literalmente. En Daniel 8:11, y 13 no se lee continuo sacrificio, sino solamente “continuo”. El término hebreo utilizado es hattāmid, que significa “el continuo”. Esta expresión aparece casi exclusivamente en el contexto de los ritos del Santuario. Entre lo que es continuo en el Santuario, tenemos: el sacrificio continuo (Éxo. 29:38); el fuego del altar de sacrificio (Lev. 6:6); el pan de la mesa de la proposición (Núm. 4:7); la luz del candelabro (Éxo. 27:20); el incienso del altar del incienso (30:8).

Más aún, cada uno de estos elementos refleja o se conecta con el ministerio sacerdotal de Cristo. Él es el Cordero sacrificial (Juan 1:29), él es el Pan del cielo (Juan 6:51), él es la Luz del mundo (Juan 8:12), y el Intercesor ante el altar del incienso celestial (Heb. 7:25; Apoc. 8:3, 4). Así, “el continuo” representa el ministerio sumo sacerdotal de Cristo, y no solamente su sacrificio.

Finalmente, se habla de que la profecía encuentra su punto más álgido al anunciarse un período profético, a saber, 2.300 tardes y mañanas, o años. Este período profético anuncia la purificación del Santuario (Dan. 8:14). La profecía de tiempo más larga que encontramos en la Escritura se conecta con el Santuario de forma directa.

En tal sentido, parece haber un movimiento progresivo del Atrio hacia el Lugar Santísimo. El ataque al Santuario de parte del cuerno pequeño encuentra solución en la purificación del Santuario, es decir, en el Día de la Expiación escatológico y antitípico.

Así, en el curso de la historia, la solución al orden actual de las cosas se encuentra en el Santuario celestial y el ministerio de Cristo en favor de la humanidad. Este lugar se convierte, de esta manera, en el centro de operaciones en el que sucede la solución final al pecado, y es necesario fijar nuestros ojos en Cristo (Heb. 12:2), nuestro Intercesor (Heb. 7:25).

¡Maranata! RA

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